Con el paso del tiempo, nuestro mundo se ha convertido en una experiencia extrasensorial, pero de la mano de eso viene también cuanto nos ha reprimido la sociedad los verdaderos sentimientos. Sentimos mucho, pero expresamos poco.

La afectividad es el punto en que los sentimientos y la razón se unen, y la educación de la afectividad es precisamente el camino que nos lleva a lo que solemos llamar “inteligencia emocional”. Se habla con poca frecuencia sobre este tema y es que se descuida la educación de los sentimientos por la falsa impresión de que son algo que está fuera de nuestro control. Sin embargo, la gran importancia de educarnos en esta área recae en que los sentimientos son lo que nos impulsa con mayor fuerza a que actuemos.

La educación de la afectividad va encaminada a que sepamos manejar nuestras emociones, nos adaptemos al entorno, pero sobre todo a que aprendamos a conocernos y querernos a nosotros mismos cada día más. Es saber reaccionar a las situaciones más difíciles de la manera más positiva. Es ser feliz con uno mismo, a tal punto que podamos establecer fácilmente relaciones con las demás personas. ¿Cuántos de nosotros no hemos escuchado la típica frase “hay que quererse a uno mismo para aprender a querer a los demás”? Pues para quererse, hay que conocerse, y esto es justamente lo que logramos al educar nuestra afectividad. La educación de la afectividad se basa en la observación, en analizar nuestras reacciones y sentimientos para comprender qué sentimientos tenemos, y entender ante qué tipo de situaciones reaccionamos, para así poder comparar cómo estamos reaccionando versus cómo deberíamos reaccionar.

Si bien no existe una receta establecida para lograr la inteligencia emocional, existen una serie de puntos a tomar en cuenta. La educación de la afectividad requiere constancia, porque somos seres tan complejos que no podemos esperar conocernos y entender nuestros sentimientos de la noche a la mañana, también requiere una exigencia personal para entender la importancia significativa que tiene no solo en nuestra vida si no en la de los demás. Pero lo más importante, es entender lo que sentimos y el porqué de lo que sentimos.

Debemos recordar que nuestros sentimientos siempre son válidos y, de ser necesario, debemos encontrar la manera más fácil de expresar a los demás con prudencia, lealtad y cariño lo que sentimos. Lograr la educación de la afectividad es sinónimo de libertad interior, porque solo cuando podemos ser responsables de lo que sentimos es que nuestro interior podrá estar libre de culpas y lamentos por sentir como sentimos.

Si te encontrás alguna vez sintiendo cosas que no lográs definir o te preocupan ciertos sentimientos internos, pedí ayuda para poder definirlos y ser una persona más asertiva; y si tenés amistad con alguien que se encuentra en esa situación en este momento, recomendale buscar apoyo; no estamos solos, y aunque nos sintamos solos, siempre habrá alguien ahí dispuesto a ayudarnos, lo que hay que hacer es tomar el primer paso y hablar.

Podés pedir apoyo en:

Teléfono de la Esperanza: TGU (504) 2232 – 2707 / SPS (504) 2558 – 0808 / Marca gratis desde tu celular al 150

O escribinos a dae@unitec.edu, tu consulta se mantendrá anónima 😄

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