La innovación en los últimos años, se ha convertido en un proceso de suma trascendencia para reorientar objetivos, provocar cambios radicales, alcanzar metas deseables, responder a las exigencias competitivas del presente y a pesar de la escasez u otras limitantes, aportar soluciones a problemas reales mediante formas inteligentes.

Si bien la innovación constituye un cambio, es importante aclarar que no todo cambio es innovador, lo novedoso sin fundamente es solamente una moda, hay cambios que en lugar de soluciones generan más problemas y atrasos, sencillamente porque innovar no es poner ropas nuevas a viejas estructuras de pensamiento y acción.

En los sistemas educativos, el aprendizaje debe estar sujeto a constantes cambios. sin embargo, esto parece ser una tarea difícil y compleja porque las estructuras del sector, con mayor énfasis en educación pública, no han sido preparadas para entrar en procesos de transición de un sistema conservador y obsoleto basado en la memorización de contenidos a uno tecnológico y moderno fundamentado en el desarrollo de habilidades y competencias profesionales.

La verdadera innovación en los sistemas educativos pasa sin duda por tres factores, uno de ellos es la urgente desburocratización de esas viejas estructuras y por el reconocimiento de que los contextos en los que la educación misma se desenvuelve no están acordes con la visión de los profesionales que una nación requiere para su desarrollo económico y social, en este renglón es responsabilidad de los órganos que rigen el sector tener en claro que para garantizar el éxito profesional de las generaciones del siglo XXI se hacen necesarios procesos que le den sentido y valor a la enseñanza y en donde los estudiantes sean los protagonistas.

Lo anterior nos lleva a otro factor de vital importancia para la verdadera innovación educativa y es el relacionado con la formación docente, es aquí donde está a mi juicio el punto de partida, las nuevas exigencias de la educación moderna demandan en la docencia a personas idóneas, efectivas y capaces de promover la comprensión más que la memorización, hay que mejorar las capacidades de los maestros para enseñar.

En la exigencia de alcanzar verdaderos y positivos cambios en la educación, cada vez es más importante motivar a los docentes a someterse a diferentes programas de formación, particularmente en aquellos campos que estén orientados a proveer o fortalecer las habilidades necesarias en el desempeño de su labor dentro y fuera del aula de clase.

Finalmente, las instituciones educativas, en todos los niveles, no pueden hacer a un lado el rol que les corresponde en la gran tarea por la innovación y la calidad, en un campo en el que cada vez se encuentran más competidores ofertando servicios formativos, deben fortalecer quienes ya lo hacen, y poner en práctica los que aún no, equipos docentes multidisciplinarios que trabajen en nuevas propuestas metodológicas de enseñanza en el aula, que vayan en sintonía con las tendencias actuales.

La innovación es dinámica, se dice que la cantidad de conocimiento que adquirimos hoy, no será suficiente mañana, y que para desenvolverse en los nuevos esquemas profesionales se requiere tener la capacidad de aprender de manera continua y no solamente en la etapa formal, de adquirir el potencial de las nuevas tecnologías y la vivencia de las experiencias prácticas que llevan a nuevas formas de pensamiento y acción.