Vivimos en tiempos vertiginosos. El continuo avance de las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) han transformado muchas de las facetas de la experiencia humana. La misma velocidad de estos cambios ha limitado la vigencia de los estudios que se han realizado tratando de identificar la influencia que estos avances han tenido sobre el estudio de las Humanidades.

En su influyente libro Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad (2009), el investigador argentino Néstor García Canclini desarrolla una analogía que nos puede dar un punto de partida para esta discusión. Canclini describe una visita a la Ciudad de México. A primera vista la ciudad parece ser un objeto de estudio claro y definido, sin embargo, un análisis de quién visita la ciudad revela la problemática subyacente. ¿Será la experiencia de un turista europeo visitando la ciudad distinta a la de un comerciante del sur de México, o el de un estudiante hondureño visitando la capital mexicana? Sin duda, cada persona que entra la ciudad de México tendrá experiencias distintas: si llegas en auto particular, en bus interurbano, en avión o en tren; si te hospedas en un hotel cinco estrellas o en la casa de un familiar. La Ciudad de México, como experiencia cultural, está íntimamente asociada con el tipo de involucramiento que tenga el sujeto frente a ella. Eso también puede ser válido para cualquier experiencia en las Humanidades.

Por siglos, las experiencias humanísticas: el arte, la cultura, la literatura, la historia, etc. habían seguido patrones de comportamiento relativamente estables. Experimentar una obra de arte, implicaba una visita a una galería o museo, leer un libro deseado suponía una búsqueda en una biblioteca o buscar los medios para adquirir ese objeto.

La revolución de las TIC ha retirado las barreras físicas de estas experiencias culturales. Los grandes museos del mundo, El Prado en Madrid o el Louvre en París, han abierto sus puertas al mundo a través de recorridos virtuales. Películas, audios, discos, teatro, literatura, en fin… si el evento cultural fue en algún un punto producto audiovisual, el internet tiene la posibilidad de hacérnoslo llegar. Un niño en Tegucigalpa puede visitar las siete maravillas del mundo desde su teléfono celular por medio de Google Earth, a su vez un niño en Hanoi puede ver una presentación del Ballet Nacional Folclórico Garífuna de Honduras por medio de Youtube en su televisor inteligente.

Siguiendo la línea de pensamiento de Canclini, podemos deducir que la experiencia cultural sería distinta, pero ¿cómo sistematizar estos cambios? La imprenta también supuso un cambio similar en nuestra interacción con la cultura y el conocimiento, un cambio radical que marcó un parteaguas en la historia de la humanidad. Por ello, hablar de Humanidades Digitales surge como una necesidad epistemológica para abordar los cambios culturales inherentes a una revolución de esta envergadura.

Para los académicos y los sistemas universitarios en general, las Humanidades Digitales abren nuevas oportunidades de investigación, como ser métodos algorítmicos para conjuntos de datos masivos (Big Data) en los estudios humanísticos, o nuevas actividades pedagógicas, como la incorporación de información geoespacial en proyectos de clase (Google Earth). Los medios digitales aumentarán la capacidad de colaboración y la revisión en pares entre investigadores. En fin, es fácil ver cómo estos medios digitales ya están realizando cambios en los espacios académicos (Gold, 2012).

Walter Benjamin hablaba de un Ángel de la Historia, que miraba hacia el pasado durante la tormenta que lo envolvía, contemplando los escombros de presente en su lento pasar. Las Humanidades Digitales podrían ser un mecanismo para dejar de ser testigos pasivos del futuro que se avecina, y en su lugar, tener agencia y utilizar las herramientas a nuestra disposición para ofrecer propuestas orgánicas en nuestros entornos particulares.

En palabras de J. Irwin Miller: “El llamado de las humanidades es hacernos verdaderamente humanos, en el mejor sentido de la palabra”. Como miembros de una sociedad global, es parte de nuestra responsabilidad cívica valorar las manifestaciones culturales por cualquier medio que las produzcamos y recibamos. En un mundo cada vez más necesitado de humanidad, las nuevas herramientas de comunicación pueden llegar a ser la salvación de nuestro mundo.

Bibliografía

Canclini, N. G. (2009). Culturas híbridas: Estrategias para entrar y salir de la modernidad. DeBolsillo.

Gold, M. K. (2012). Debates in the digital humanities. University of Minnesota Press.

(Visited 4 times, 1 visits today)